El Manuscrito de San Florián

Conoce mi novela El Manuscrito de San Florián,
mi libro de poemas Todas las Vidas
y mi volumen de relatos Fotos de Ciudades que Amanecen

Entrevista a Gonzalo Melgar

Gonzalo Melgar: "La naturaleza es el único referente universal, lo único  sobre lo que todos los seres humanos tenemos experiencia y/o conocimiento directo (...)¿Quién no ha visto el vuelo de un ave? Cuando hablas del vuelo en un poema inevitablemente comunicas"


Conversamos con el poeta Gonzalo Melgar. Para Amancio Prada, seguramente,  un candidato ideal para formar parte de su colección de trovadores, místicos y románticos,  pues él es al mismo tiempo todas esas cosas. Además, un  convencido ecologista, un apasionado de la naturaleza y, lo más importante, un ser humano excepcional.

Su alta reputación como autor de sonetos y su porte de caballero del siglo XVI, no le impide estar conectado y comprometido con la realidad más inmediata.

En “El Rincón de las Letras” mantuvimos una charla muy interesante e instructiva sobre la importancia de la  poesía mística en los convulsos tiempos actuales y sobre la naturaleza como único conocimiento universal del ser humano que, para Gonzalo, es la causa principal de su enorme fuerza expresiva en la literatura.




Yo definiría tu poesía como un deseo de fusión con la divinidad, unas veces a través de la mística otras a través de la comunión con la Naturaleza.

 Creo que lo divino, lo trascendente ha sido en gran parte la línea principal de mi poesía. No como místico, si no como aprendiz, como protomístico. Y también, efectivamente, vivido en la contemplación y la comunión con la naturaleza. Luego también hago cotidianamente poemas de amor, sobre el tiempo, la muerte, el dolor, las realidades duras de la vida… Pero sí, en mi libro “Índice Extendido”, la mística y la espiritualidad son sin duda la principal temática. Yo creo que hay cuatro grandes temas. Decía Miguel Hernández el amor, la muerte, la vida… A estos tres temas, yo añadiría Dios.

Hablemos de tu libro publicado: “ÍNDICE EXTENDIDO”. A través de su lectura yo he creído percibir un deseo de fusión con la divinidad que no llega a producirse del todo, que se transforma hasta cierto punto en frustración…

Sí, toda experiencia trascendente siempre es frustrada. Para los grandes místicos se reducía a instantes cimeros de comunión con Dios. Después experimentaban esa sequía de la que habla, por ejemplo, Santa Teresa. Lo cual es propio de la experiencia trascendente: esa frustración de no permanecer en ese estado, de no alcanzarlo plenamente. Creo que eso es la mística en definitiva: una búsqueda no satisfecha de lo divino y tratar de trasmitir esa experiencia no completa.

¿Crees que la poesía mística tiene algo que decir todavía en la sociedad actual, tan superficial e hipertecnologizada? ¿Qué les dirías a todos aquellos que piensan que los poetas místicos sois un residuo del siglo XVI?

El hombre y la mujer son sujetos en busca de sentido. Y esto es así ahora y en el siglo XVI. Y esa búsqueda de sentido se realiza a veces mediante la intuición; la poesía,  en tanto en cuanto lenguaje intuitivo, proporciona un camino que permite la contemplación, la belleza, incluso la meditación. En la actualidad, yo veo que muchas personas están en búsqueda espiritual, y  también desde el agnosticismo. Cada vez hay más gente que se dedica a la meditación, al yoga… La poesía es comunicación, pero también es autoconocimiento; por lo tanto, un vehículo muy bueno para abrirnos a otras realidades. Es, en definitiva, una forma de meditación.

¿Qué te proporciona el contacto con la naturaleza? ¿Cómo influye en tu poesía?

La naturaleza es el único referente universal, lo único  sobre lo que todos los seres humanos tenemos experiencia y/o conocimiento directo. Otros temas como, por ejemplo, la mitología puede que mucha gente los conozca y comparta, pero hay otra mucha que no, a la que nunca le va a llegar. Sin embargo la experiencia de la naturaleza es universal porque nuestros sentidos están hechos para percibir la naturaleza. Todos los poetas han recurrido a ella porque está llena de imágenes universales. ¿Quién no ha visto el vuelo de un ave? Cuando hablas del vuelo en un poema inevitablemente comunicas.

Te encuentras ahora mismo haciendo una tesis sobre agricultura ecológica. ¿Hasta qué punto esto te está determinando lo que escribes?

Mucho. Lo que ha motivado esta tesis es tener que ir al campo frecuentemente y, por lo tanto, el trato con campesinos, con agricultores ecológicos. Y eso me proporciona muchas experiencias relacionadas con la naturaleza que trato de comunicar en mis poemas.

Hay dos grandes tendencias en el Ecologismo. La conservacionista, centrada en conservar determinados espacios naturales; y la social, que opina que el origen de la crisis ecológica es fruto del sistema económico y por lo tanto hay que cambiar el sistema económico si queremos resolver la crisis ecológica. ¿Con cuál de las dos tendencias te identificas más como poeta y como ciudadano?

Si miro un poco para atrás, mi historia está relacionada con el movimiento ecologista de los 80 en España. Y este era mayoritariamente conservacionista. Yo he pertenecido a la SEO (Sociedad Española de Ornitología) y esos son mis orígenes en el ecologismo. Sin embargo, actualmente, me sitúo más en el movimiento de emancipación social; el que entiende que la crisis total en la que vivimos surge del paradigma de la modernidad que se basa en el libre mercado, apoyado por los estados  y  por la ciencia, que está a su servicio. Este paradigma de la modernidad hace que exista la explotación del hombre por el hombre así como la destrucción  de la naturaleza. Yo me sitúo pues en el proceso de emancipación social, en el de la gente que, desde abajo, intenta salirse del sistema y vivir en consonancia con la tierra. Me refiero, por ejemplo,  al campesino ecológico, a estos amigos míos que trabajan no para lucrarse en el mercado, si no para ofrecer alimentos sanos y producidos de forma sostenible. Así pues, me alineo claramente con estos movimientos que hoy por hoy  representan el germen de  un cambio de sistema.


RINCÓN DE LOS CEREZOS (SONETO)

Rincón de los Cerezos: aquí llega
tu vida dando tumbos y respira:
Aquí vienes y sientes que es mentira
que todo sea mentira; se te entrega

el sentimiento a la verdad; se anega
la soledad de esa criatura herida
que eres; en el amor y en la acogida,
renace un niño nuevo y se repliega

tu ser brutal. Las sogas que se tensan
en torno al cuerpo, alrededor del alma,
se afinan con el silvo de las aves

y eres más tú de lo que siempre piensan
los guardianes del mundo. Y en la calma
tu ser previsto asoma y tú lo sabes.


Gonzalo Melgar

El rincón de las letras: Entrevista a Alfredo Piquer Garzón

Alfredo Piquer: "Para escribir es necesario un cierto bagaje cultural.  Escritura y cultura son sinónimos, son conceptos completamente imbricados."
 
 
Aunque piensa que la comparación con él sería un elogio inmerecido, yo creo que el poeta Pere Gimferrer es un estupendo punto de partida  para describir la poesía de Alfredo Piquer Garzón. Estamos ante unos poemas, en muchos casos,   plagados de referencias culturales – a la Historia, a los mitos clásicos, al cine, a la pintura… -  como los de Gimferrer, pero que no por ello caen en la frialdad, la pedantería o el elitismo. Por el contrario – como en los del genial poeta catalán – son esencialmente líricos, emotivos y cálidos.

Alfredo Piquer Garzón es coordinador del grupo de poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid (CBA), tertulia a la que personalmente tengo el orgullo de pertenecer. También es  un gran divulgador de la poesía, ya que organiza todos los meses los recitales “Odisea” en el café Libertad, situado en el madrileño barrio de Malasaña.

Profesor de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y artista plástico, intenta explorar las relaciones entre poesía y pintura.

Ambos compartimos una gran pasión por la Grecia Clásica. De forma que no es sólo compañero de viaje en mi peregrinar por la poesía y la literatura. También lo es siempre en mis homéricas rutas por las agitadas aguas del mar Egeo.

A parte de destacar nuestra amistad y mi gran aprecio personal  hacia él, quisiera  agradecerle, desde esta humilde entrada de blog, su apoyo en mis proyectos literarios con el que siempre he contado. Especialmente su ayuda inestimable en la promoción de mi primera novela, “El Manuscrito de San Florián”,  siempre dispuesto a echar una mano cada vez que se lo pedía. Además, si los dioses del Olimpo no lo impiden, será prologuista de mi próxima publicación, el libro de poemas, “Todas las Vidas”. Gracias, Alfredo.




 P. Tienes hasta la fecha tres libros de poesía publicados: “Paleografias”, “Mar sobre este altar” y “Memoria de naufragios”.  La temática es similar en los tres y, sin embargo, en mi opinión, creo que son algo diferentes estilísticamente.  Los dos primeros dan una sensación de escritura más espontanea, más descarnada, más directamente salida del corazón. Y el último, “Memoria de naufragios”, da una impresión de mayor trabajo, de mayor elaboración. ¿A qué es debido esto? ¿Se trata de una diferencia cronológica entre los poemas que componen los tres libros o es algo intencionado? Me gustaría que nos explicaras un poco el proceso de creación de tus libros y sus diferencias.
                                                                                                                                                    
R. Bueno, yo no lo veo exactamente así. El primer libro, “Paleografías”, es más retórico y creo que más ingenuo. Incluso yo diría que más grandilocuente. El último, “Memoria de Naufragios”, es un poco la combinación de poemas muy antiguos con poemas muy recientes. Digamos que más de la mitad del trabajo son poemas actuales, pero también eché mano de poemas viejos porque me parecía que las temáticas eran coherentes y tenían mucho que ver. Se produjo entonces una especie de simbiosis y eso es “Memoria de Naufragios”. Retomando tu pregunta, no sé si ha habido evolución. Me gustaría que la hubiera habido, pero en todo caso no fue intencionada.


P. ¿Cómo fue que “Mar sobre este Altar” y “Memoria de Naufragios” se publicaron con tan corto espacio de tiempo?

R. Esa es la razón por la que “Memoria de Naufragios” sea resultado de una combinación.
Yo acababa de publicar “Mar sobre este Altar” y ese mismo año me surgió la oportunidad de publicar “Memoria de Naufragios” con un editor que yo aprecio mucho y que creo que está haciendo una gran labor en favor de la poesía, que es Agustín Sánchez Antequera de la editorial Legados.  También, en dicha edición colaboró un grupo de internet que se denomina Netwriters. Me ofrecieron la oportunidad de publicar el libro y me puse inmediatamente a escribirlo y a elaborarlo. Y sí, evidentemente existe un trabajo de elaboración, pero también, como te decía, rescata poemas antiguos.

P. No obstante supongo que los poemas antiguos los reformarías de alguna manera…

R. No, no lo hice. De jovencillo pensaba que los poemas, para ser buenos, tenían que salir de una tacada. Si no se hacía así, no eran espontáneos y por lo tanto no eran válidos. Ahora pienso todo lo contrario: los poemas hay que trabajarlos mucho. Pero un poema que se ha escrito hace tres años, un año incluso, pienso que no tiene sentido cambiarlo. Un poema que tiene un mes, creo que sí se puede. Pero si se trata de un poema antiguo, pienso que hay que aceptarlo como es en toda su imperfección.

P. No sé si estarás de acuerdo en lo que voy a decir pero, en mi opinión, haces una poesía que podría definirse, entre otros muchos calificativos por supuesto, como poesía culta. Me refiero a que muchos de tus poemas están plagados de referencias culturales a la Historia, a mitos clásicos, al cine, a la pintura, al arte en general. También sueles utilizar palabras de uso poco común ¿Te identificarías con la afirmación que, en este caso hago  yo, de catalogar tu poesía como culta?

R. Te agradezco muchísimo el elogio, pero no es un a priori ni mucho menos. No existe un planteamiento previo en ese sentido. Lo que sí te diría es  que para escribir es necesario un
cierto bagaje cultural.  Escritura y cultura son sinónimos, son conceptos completamente imbricados. Lo que ocurre es que muchas veces, últimamente, no se produce de esa manera. Hay mucha gente que escribe y que no parte de ese bagaje que, en mi opinión, es muy necesario. Con respecto a lo que comentas del léxico, tampoco es intencionado. Es verdad que estamos acostumbrados a manejar un determinado tipo de lenguaje, pero no creo que esté utilizando palabras poco comunes. No pretendo ser jactancioso en ningún momento, pero creo que desde pequeños aprendemos un tipo de lenguaje y lo vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida (o perdiendo en la peor de las circunstancias). Pero en todo caso, no es algo pretendido.

P. Nuestra común amiga y magnífica escritora Montse Cano, afirma que el uso de referencias culturales en las obras literarias puede convertirse en un arma de doble filo respecto a los lectores. Es decir, puede implicar y emocionar más al lector si es que conoce la manifestación cultural a la que nos referimos, o puede alejarlo completamente si es que no la conoce. Sin embargo, ella afirma que esto no le preocupa y que suele acudir a este recurso para buscar una posible complicidad con un lector que sepa de qué está hablando. ¿A ti te preocupa esto? ¿Temes o has temido alguna vez que algún lector o lectora se aleje de alguno de tus poemas por no conocer las manifestaciones culturales a las que haces referencia?

R. Como te he comentado, ni la temática ni el léxico es intencional, por lo tanto no me preocupa. Si cambiara los términos o cambiara los temas no escribiría los poemas. Seguramente una misma temática se puede escribir de muchas maneras, la prueba está en que muchos autores han coincidido en temas determinados y los han interpretado de manera diferente, con distinto lenguaje y estilo. En mi caso te diría que no me preocupa, y no en el sentido del elitismo.  El poema surge de manera espontánea y yo lo doy por bueno, lo doy por malo o lo doy por regular y ya está. En todo caso, me hago eco de la opinión de Montse Cano.

P. En tu libro “Mar sobre este altar”  tienes un poema dedicado a Pere Gimferrer (“Y si arde el mar”) que es un poeta que a mí me encanta y al que he leído bastante. Lo cierto es que no lo había pensado hasta que leí tu poema, que por cierto me encantó, pero observo muchas similitudes entre tu obra y la de Gimferrer. Además de la proximidad generacional, aunque tú eres más joven, los dos utilizáis el recurso de las referencias culturales, los dos sois terriblemente románticos, a los dos os fascinan los ambientes decadentes como, por ejemplo, Venecia. ¿Qué pensarías si un crítico literario se refiriera a Alfredo Piquer como el Gimferrer madrileño?

R. Efectivamente el título del poema y su cita correspondiente pretenden hacer un homenaje a Gimferrer y a su libro “Arde el mar”. Es un libro solemne. Muchos autores se limitan al aforismo o a la greguería ingeniosa; otros piensan que se puede escribir un poema por ejemplo sobre un objeto cotidiano. Yo por supuesto respeto estas actitudes, pero no las comparto en absoluto. La poesía puede ser un himno, puede ser una elegía  o puede ser lírica, pero desde luego para mí, la poesía debe ser solemne. Debe ser sacra. Y la poesía de Gimferrer lo es. Pero esa comparación con Gimferrer, aparte de impensable, me parecería un elogio inmerecido. Pero bueno, si hay algún tipo de punto en común, la ventaja es para mí.

P. Y siguiendo con este tema. ¿Qué otros poetas crees que han influido en tu obra?
 
R. No es fácil responderte porque para que un poeta te influya tienes que haberlo leído
mucho. Tienes que haber hecho una lectura especial, detenida y haber escrito cosas a continuación más o menos espontaneas. Y esto no siempre sucede. Yo soy alguien que empezó a escribir de jovencillo; que abandonó la escritura y que la retomó más adelante. Así que respecto a mis influencias de juventud, yo citaría a Aleixandre, a Neruda, a Vallejo, a Hernández, a Blas de Otero... Yo pasé por la facultad de Filosofía y Letras en los años 70 y fueron tiempos de gran efervescencia: el final de la dictadura y el inicio de la democracia, tiempos por lo tanto de gran inquietud política y cultural. De más adulto te diría que  Cernuda. Aunque suene raro, para mí Cernuda fue un descubrimiento de adulto, esencial por otra parte. También te hablaría de un poeta canario consagradísimo, pero poco conocido que se llama Jorge Justo Padrón. Es un poeta enorme, está a nivel de Neruda en mi opinión. Y también he realizado otras lecturas de poetas más locales y tampoco muy conocidos, pero que también me parecen buenísimos como Santos Domínguez de Ramos que es un poeta extremeño o Diego Jesús Giménez, tal vez por la temática y el estilo. Y también me gusta mucho un poeta costarricense que se llama Laureano Alvar, que estuvo un tiempo viviendo en España y que ha vuelto a Costa Rica.

P. Hablemos ahora de los mitos clásicos griegos, tan presentes en tu quehacer poético. Creo que muchas veces en la tertulia del Círculo, nos has tratado de explicar, y corrígeme si me equivoco, que tú lo que pretendes es utilizar el mito clásico como un medio para hablar de ti mismo y de tus obsesiones vitales. Y esto yo, personalmente, lo veo bastante claro, por ejemplo, en el poema dedicado a Prometeo del libro “Memoria de naufragios” (“Fue en un tiempo de dioses y titanes…”) en el que utilizas el famosos mito clásico para hablar de un desengaño amoroso ¿Estaríamos pues ante una poesía de pretensiones esencialmente líricas? 

R. Yo querría que fuera así. Hay muchos tipos de poesía, pero para que lo sea de verdad,
debe existir un ingrediente lírico. Sin embargo, se ha dicho que mis poemas son algo épicos, algo grandilocuentes, tal vez por lo que ha comentado, por los temas, las metáforas, el lenguaje… aunque la verdadera intención es otra. Creo que esto queda en gran medida de manifiesto, pero no dejo de echar de menos, a veces, en mi caso, una poesía más intimista, más imbricada en lo cotidiano, incluso algo más coloquial… Creo que hay que retarse, estar abierto a escribir en otras claves y estilos; pero por otra parte creo que es importante también esa cierta dosis de coherencia con uno mismo: no tratar de forzar las cosas para ser quien en realidad no eres. Por otra parte  me gustaría decir que una cierta madurez en poesía se manifiesta cuando se sale de la primera persona, aunque siempre exista una proyección personal. En esa medida, el poema puede ser más universal, más objetivo. La gente suele decirme “es que tú escribes sobre los dioses…”. No, mentira. Estoy escribiendo sobre mis obsesiones vitales.

P. ¿Y en esa elección de un motivo como disculpa, hilo argumental o como quieras llamarlo por qué precisamente el mito clásico griego? Háblanos por favor de ello.

R. Desde muy joven tuve pasión por la arqueología. Después, esa licenciatura en Historia Antigua… Creo que el mito griego es el patrón, el esquema donde se establecen las premisas o directrices de toda la cultura de occidente. De él parte la ciencia, la filosofía, el arte… Y por supuesto la literatura. Qué duda cabe que la cultura griega nos ha formado culturalmente y que su influencia llegará mucho más allá de nuestra época… Pero qué duda cabe también de que el mito griego habla de una problemática humana que es eterna. Esto, por supuesto, no es exclusivo del mito griego, también se puede encontrar por ejemplo en  los cuentos de Grimm o de Andersen.

P. Sí es cierto lo que dices de los mitos griegos responden a una problemática universal. De hecho Freud, para hablar de los problemas psicológicos humanos, utiliza el mito griego.

R. Sí, está claro. Lo cual refuerza todo lo que decimos...

P. Pero vamos con otra pregunta. Tu actividad como artista plástico se refleja en tu poesía en tus evocaciones concretas  a obras de la pintura y del arte en general, así como en muchas de tus imágenes, en las que haces referencia a elementos arquitectónicos para describir paisajes naturales o estados de ánimo. ¿Hay algo más de tu trabajo como artista plástico que creas que te ha influido a la hora de escribir?

R. Te voy a contar una anécdota. En cuanto empecé la carrera de Filosofía y Letras me planteé  muy racionalmente – lo recuerdo a la perfección – si poesía o plástica. Allá por el año 98 yo recordé que había escrito poesía y pensé que debía volver a intentarlo… Yo la plástica es algo que no abandono. Como profesor de Bellas Artes, siempre aprovecho la oportunidad cuando se presenta de hacer una exposición en las magníficas salas del Jardín Botánico de la Universidad Complutense. Recuerdo que en la última -"Memoria de Naufragios"- intenté hacer una simbiosis entre plástica y poesía. No era algo fácil, porque yo pintando soy muy abstracto. Así que titulé los cuadros con fragmentos de poemas de forma totalmente literaria. ¿Qué tenían que ver los poemas y los cuadros? Yo creo que los sentimientos comunes que los habían motivado, lo que evocaban mentalmente incluso afectivamente. Esos cuadros podían ser asociaciones subjetivas entre plástica y poesía.

P. Hablemos ahora del mar, tan presente en tu poesía. Creo que en tu obra aparece en tres aspectos fundamentales: como elemento cultural, ligado a los mitos y a la civilización clásica; como elemento natural, ligado a una idea de suprema belleza, y como elemento simbólico de múltiples significados: la muerte, la soledad etc. ¿Cuál de estos tres aspectos crees que es más relevante para ti y tiene más importancia en tu obra poética?

R. Para ser un hombre de asfalto y de tierra adentro, el mar me fascina. Por supuesto, en
los tres aspectos que has comentado. El mar es una gran metáfora. Es, a mi modo de ver, La Metáfora. Es la imagen del absoluto. Y en tanto en cuanto a absoluto, es la soledad, es la muerte… como diría Jorge Manrique. También, por supuesto, como elemento cultural. El mar es el ámbito de los mitos de la odisea homérica, el ámbito del naufragio… El mar es todo eso y también esa idea absoluta de la belleza. Y todos esos aspectos aparecen en los poemas. Creo que lo has explicado bien.

P. Me ha gustado especialmente el poema “Tenía un aura oscura...” de “Mar sobre este altar”, en el cual Ulises, que añoraba su patria cuando estaba en el mar, una vez en Ítaca, vuelve a sentir nostalgia de su emocionante vida anterior de marinero errante. Creo que en él, tal vez sin proponértelo,  haces una reflexión muy interesante sobre la condición humana.  ¿Crees  que los seres humanos somos tan contradictorios como para desear una cosa y a la vez la contraria?

R. Sí, pero en el fondo creo que no hay contradicción. Tendemos a simplificarnos demasiado y en realidad no somos tan simples. Y hacemos esto porque nos imponemos patrones adquiridos o impuestos. La moral, no en términos absolutos pero sí en términos subjetivos: la religión, las normas sociales… A estas alturas, no nos conocemos fisiológicamente ni tampoco psicológicamente hablando. Entonces, lo que nos imponemos a nosotros mismos no nos hace felices y, en el transcurso de este viaje, tal vez en alguna ocasión descubrimos la felicidad y, con ella, otras identidades que no hemos asumido, pero que tienen más que ver con lo que somos y nos hacen más reales; pero que dejamos pasar o soslayamos porque continuamos manteniendo esas rutinas o ese auto convencimiento de que las cosas deben ser como pesamos o tenemos asumido que son.

P. Por último, háblanos de tu actividad como coordinador del grupo de poesía del Círculo de Bellas Artes y cómo organizador de los recitales de Odisea. ¿Qué te resulta más gratificante de esta labor? ¿Qué es lo que menos?

R. Bueno, en el CBA son ya un montón de años. Llevo desde 2001 y como coordinador del grupo de poesía desde 2004. Además de otras actividades, hemos hecho más de 50 recitales, así como otros tantos que hemos realizado en bibliotecas de la Comunidad de Madrid. En cuanto a Odisea, me satisface la posibilidad de convocar poetas, de aunar voces – tanto voces consagradas como voces nóveles – y luego la magia y el clima que afortunadamente se crean. El otro día mi amigo, y también gran poeta, Rafael Soler me escribía “Tu Odisea de todos”. Y eso es un elogio como la copa de un pino.




TENÍA  UN AURA OSCURA...
 
Tenía un  aura oscura de escondido oleaje,
la que balanceaba mis restos sumergidos
con el tenue vaivén   de su caricia
salobre y submarina,
y cabalgaba blanca y  arrebatada
como una ola erguida sobre mi sexo
inmerso en el líquido abismo de su entraña .
Y era su aura de sombra  ancestral y marítima
la que mecía el pecio hondo y azul
de mi naufragio como algas que danzasen
con canto de mareas  al fondo de su océano.
 
Yo recordaba Itaca y sus costas abruptas
y el inclemente suelo de su lar desolado.
Anhelaba la patria mientras cruzaba el mar
y  llegaba a su costa terrestre y áspera,
sólida y calcinada de la  desesperanza
que retuerce los troncos de los viejos olivos;
y entonces empezaba este  otro destierro
de añoranza del mar  y su  terrible herida
salobre y submarina y su oleaje
blanco y arrebatado perdido para siempre
que ahora  mece  al fondo de su océano
con su lenta caricia  otro naufragio.
 
 
 
Alfredo Piquer Garzón,
del libro "Mar sobre este altar", Ed. Vitrubio (2012)
 

LAS PEQUEÑAS ESPINAS SON PEQUEÑAS (Reseña)

Último libro de la poeta Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) y ganador del XXIX premio Jaén de Poesía.

Reflexión sobre la vida ahora que se encuentra a medio camino de ella, como la propia autora ha indicado.

Conclusión final de toda esta reflexión que viene a decirnos que, pese a todas las amarguras que pueda contener que, por supuesto, están presentes, la vida es algo bueno y positivo y merece la pena ser vivida porque, si lo sabemos ver, las pequeñas espinas son siempre pequeñas.


Optimismo entonces, pero no ese optimismo tonto del “yes, you can” o de manual de autoayuda, al que hoy en día estamos tan acostumbrados y con el que tanto nos bombardean;  si no el de saber transmitir, con inmensa maestría, una experiencia tan personal como la percepción de la apabullante belleza del mundo y la capacidad de gozar intensamente de todo lo bueno que nos brinda.

La vida, además de hermosa y triste a la vez,  es diversa y por lo tanto el libro, en tanto en cuanto compendio de una experiencia vital, debe ser también diverso en su temática. De este modo, a diferencia de los poemarios actuales, donde solemos hallar a veces una férrea unidad en este sentido, nos encontramos a la vez poemas de tipo social, nostálgico, amoroso, reflexivo, narrativo, espiritual… siendo común a todos ellos un sentido lírico predominante.

Lirismo, diversidad, esperanza. Metáforas e imágenes asombrosas: “Ya no queda ni una gota de miel sobre los árboles”. “Hemos visto el violento latir de los colmillos / igual que minaretes de funesta belleza”. Pero sobre todo y ante todo, coherencia y solidez en la construcción poética.  Estos, tal vez, sean los rasgos más positivamente destacables de la poesía de Lanseros.  Como ella misma ha comentado, un poema es una suma de elementos: emoción, reflexión, musicalidad, imaginación.... y, en los suyos, logra que  todos ellos se combinen constituyendo una unidad, un todo armónico donde ninguno de ellos desequilibra el conjunto con su predominio y/o su disonancia; igual que un guiso delicioso donde la cantidad de cada ingrediente está presente en su justa medida.

Las pequeñas espinas son pequeñas. Editorial Hiperión.  Un libro para que los amantes de la poesía se reafirmen en su religión y los no tan amantes se conviertan a ella definitivamente.

El Rincón de las Letras: entrevista a Raquel Lanseros sobre LAS PEQUEÑAS ESPINAS SON PEQUEÑAS

 Raquel Laseros: "La Historia no se ha parado nunca y menos ahora. Nuestra obligación moral como generación es seguir empujando en la dirección que consideremos correcta. No simplemente disentir y quedarnos de brazos cruzados"

 
Lirismo, diversidad, esperanza; metáforas e imágenes impresionantes. Pero sobre todo y ante todo, coherencia y solidez en la construcción poética.  Estos, tal vez, sean los rasgos más positivamente destacables de la poesía de Lanseros.  Como ella misma ha comentado, un poema es una suma de elementos: emoción, reflexión, musicalidad, imaginación, capacidad de sugerir.... y, en los suyos, logra que  todos ellos se combinen constituyendo una unidad, un todo armónico donde ninguno de ellos desequilibra el conjunto con su predominio y/o su disonancia; igual que un guiso delicioso donde la cantidad de cada ingrediente está presente en su justa medida, tal y como la autora metafóricamente nos explica.
Raquel Lanseros, Jerez de la Frontera (1973), es una de las voces más premiadas y reconocidas de la nueva poesía española. Ha publicado los libros de poemas Leyendas del Promontorio (Ayto. Villanueva de la Cañada, Madrid, 2005), Diario de un destello (Editorial Rialp, Colección Adonáis, Madrid, 2006), Los ojos de la niebla (Editorial Visor, Madrid, 2008) y Croniria (Ediciones Hiperión, Madrid, 2009) y Las Espinas Pequeñas son Pequeñas (Ediciones Hiperión, Madrid, 2013).
 
P. He leído por Internet que, según tú misma has dicho, el poemario es una reflexión sobre tu propia vida ahora que te encuentras a medio camino de ella. Creo que en esta reflexión que haces y que intentas plasmar en el libro, la conclusión final, pese a todas las amarguras que la  existencia pueda contener, que también, por supuesto están presentes, es que la vida en general es algo bueno y positivo y que merece la pena ser vivida. ¿Estarías de acuerdo con esta conclusión que yo he sacado de su lectura?

R. Absolutamente de acuerdo. Ni yo misma lo hubiera expresado mejor. El poemario, aunque habla de muchas cosas, intenta lanzar un mensaje positivo: las espinas están, nadie lo oculta. Y son pequeñas. Bueno, algunas son grandes, pero nuestro subjetivismo y afán de lucha las hace ver pequeñas. Y al final del camino, vivir es una experiencia única y una oportunidad tan asombrosa que merece la pena siempre.

P. ¿Entonces podríamos concluir que hay motivos para la esperanza, pese a todo lo malo que vemos, oímos y sufrimos día tras día?

R. Sin duda ninguna. También es cierto que además del devenir colectivo existe el individual y cada uno sabe de las vicisitudes por las que pasa en cada momento; pero yo creo que, en general, si no se tiene una excesiva mala suerte, la vida es un lugar que merece ser transitado.

P. ¿Te posicionarías entonces radicalmente en contra de los versos de Jaime Gil de Biedma, que escribió en sus últimos años refiriéndose a la vida, en los que dice de ella que “envejecer, morir es el único argumento de la obra”?

R. Pues yo no me posicionaría en contra. En primer lugar porque es un autor que me fascina y, en segundo lugar, porque lo que dice ese poema en concreto es absolutamente verdad. Envejecer, morir… yo no sé si es el único argumento de la obra, pero desde luego es el argumento de fondo. Eso es innegable y en este sentido Gil de Biedma está cargado de razón. Sin embargo, también es cierto, como han dicho muchos filósofos, que la meta está en el propio camino: la esperanza y  la alegría están escondidas en el “mientas tanto”. A pesar de todo, no podemos quitarle la razón a Jaime Gil de Biedma.


P. Volvamos a tu poemario. Al tratarse de una reflexión sobre tu vida, nos encontramos ante un libro con una gran variedad de asuntos en detrimento de la unidad temática que suele caracterizar a los poemarios actuales, aunque a mí personalmente me ha gustado mucho esta variedad. En él está presente tanto la nostalgia, como el amor, como el misticismo, como la filosofía, como la historia, como la crítica social etc. ¿Nos encontramos ante un poemario de poemarios?

R. La verdad es que este enfoque para mí es sorprendente, como siempre lo es escuchar a otra persona que interpreta lo que escribes. Y sí, es cierto, en el sentido de la variedad temática, lo es. Tienes toda la razón cuando dices que uno de los rasgos de los poemarios actuales es la unidad temática en torno a la cual se vertebran. Yo he construido un poemario de temática más miscelánea, más heterogénea porque me parece que la vida lo es. Y en este caso yo necesitaba retratar la vida y no una parte de ella.

P. El poemario y creo que toda tu obra en general es un alegato contra el escepticismo. De hecho, he leído en tu web una cita preciosa en la que dices: “que no crezca jamás en mis entrañas esa calma aparente llamada escepticismo”. Sin embargo perteneces – pertenecemos –   a una generación (la llamada generación X no se si bien o mal) bastante desilusionada con la vida y muy escéptica en muchos aspectos, sobre todo los relacionados con la política, la economía y la sociedad en general, que percibimos cómo corrupta y falta de valores. Y eso también se refleja en el arte y en la literatura. ¿Sientes que te distancias radicalmente en este sentido de tu generación?

 
R. Todo lo que has dicho es cierto en el sentido de que estamos en desacuerdo con el “statu quo” y con muchos problemas de injusticia social que existen y ante los que yo, personalmente,  me posiciono radicalmente en contra. Sin embargo soy más partidaria de aquello que decía Eduardo Galeano de “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”. Es decir, yo creo que el escepticismo es bastante paralizante como actitud. La ilusión, y no sólo ahora, también en tiempos pasados de la Historia, ha sido el motor del cambio. Y como a mí también me gustaría cambiar lo que veo porque no estoy de acuerdo con muchas cosas, creo que la ilusión y la alegría son lo más importante. La ilusión en el sentido de seguir creyendo, porque el escepticismo es descreimiento pasivo y yo abogo por la acción. Pero sí me siento parte de mi generación en el sentido de que soy capaz de ver todas las cosas que no me gustan y lo asumo. Solamente difiero en la creencia de que es necesaria la lucha y no sentirnos derrotados. Porque no se va a parar la Historia. La Historia no se ha parado nunca y menos ahora. Nuestra obligación moral como generación es seguir empujando en la dirección que consideremos correcta. No simplemente disentir y quedarnos de brazos cruzados.

P. Pese que en el poemario predomina el sentido lírico, pienso francamente que abordas la temática social en poemas cómo “El precio del ventajismo”, “No choice”  o “Los lobos de Valparaiso”, en el que vislumbro además una cierta conciencia ecologista. ¿Hasta qué punto piensas que parte de tu poesía podría definirse cómo social o de la conciencia crítica?


R. Es difícil juzgarse a uno mismo y cierto que los problemas acuciantes político-sociales me preocupan activamente. Yo personalmente estoy muy concienciada y es lógico que esta preocupación aparezca en mis poemas. Muchos de los que has mencionado podrían encuadrarse dentro de la poesía social, por utilizar una nomenclatura más generalizada, o de la conciencia crítica, que es la última manera de llamar a algo, en todo caso, muy parecido. También en otros libros tengo poemas que tratan sobre el presente, pero también sobre el pasado de manera crítica.

P. ¿Qué piensas del futuro de esta poesía social de la que estamos hablando, en los tiempos que vivimos?

R. Creo que tiene mucho sentido. Posiblemente nunca dejó de tenerlo. Pero en estos tiempos nos lo están poniendo en bandeja. Es muy difícil quedarse impasible ante lo que está ocurriendo.

P. Creo que algunos de tus poemas existe una cierta visión el sentido de unidad, de sentir que formas parte de un todo, como en el poema “resistencia al cálculo” en el que dices textualmente “Yo he venido / a ser ola a la vez que miro al mar”. También parece desaparecer el tiempo, confundirse el pasado, el presente y el futuro en este sentido de Unidad, como en “La eternidad se llama Buenos Aires” o “El ombligo de la luna” ¿Definirías pues tus poemas cómo orientalistas,  budistas o hinduistas? ¿Hasta qué punto estas filosofías te han influido como persona y como escritora?

R. Yo soy una apasionada de la filosofía. Y cuando uno estudia, de manera lega como es mi caso, filosofía, entra en contacto con creencias orientales. Sin embargo, no es solamente de éstas de las que yo he extraído esta sensación de unidad cósmica, de panteísmo, si quieres llamarlo así. Es verdad que preside algunas de mis composiciones y además es algo en lo que yo creo sinceramente. Pero también pienso que a esta conclusión puede llegar cualquier ser humano de cualquier punto del planeta. Es cierto que vivimos en una civilización poco proclive a este tipo de profundizaciones. Sin embargo, en nuestra filosofía occidental cercana que empieza con los griegos, existen  muchas referencias a este sentido unitario. Por ejemplo, los monistas, que concebían la naturaleza como un todo.

P. Bueno, en realidad cualquiera puede experimentar ese sentido de unidad  del  que hablas, aunque no haya leído filosofía…


R. Claro. La espiritualidad es algo humano e innato, aunque las religiones hayan querido apropiarse de ella. En cualquier momento, cualquier persona puede desarrollarla, sólo tiene que adentrarse en sí misma.

P. Observó que en el libro la nostalgia está también muy presente, de hecho dos de los, a mi juicio,  mejores poemas del libro que son “Villancico remoto” y “Donde quiera que estés” poseen un fuerte sentido nostálgico. ¿Crees que el pasado, con el impulso romántico de la evocación, puede tener más fuerza o posibilidades poéticas que el presente o el futuro?     


R. El presente y el futuro también están llenos de posibilidades poéticas. Pero hay algo que no debemos nunca olvidar y es que la vida, tal y como la concebimos nosotros, posee un sentido lineal. El presente creemos tenerlo y el futuro llegar a tenerlo. El pasado, sin embargo, está perdido para siempre. Este sentido de pérdida, de no poder volver nunca a este pasado, lo idealiza. Y esto multiplica sus posibilidades poéticas. Lo que ya no existe es emocionalmente evocador y evocativo. Lo que ocurrió, como no va a volver a ocurrir nunca de la misma manera, tiene un componente de melancolía y de fuerza emotiva inigualable.

P. Hay un poema que me ha gustado especialmente que se titula “Premonición Inversa” y que cuenta la historia de dos amantes, de una especie de amor que pervive en el tiempo. Creo que te refieres a unos hechos históricos, pero yo no sé a cuáles exactamente. ¿Crees que los poetas deberíamos salirnos un poco de nosotros mismos y hablar sobre otros personas o personajes en nuestras composiciones? ¿Qué piensas de los poemas que cuentan historias y que se engarzan con la narrativa quedándose a medio camino entre un género y otro?

R. Creo que sí. Es obvio que la poesía es una especie de espiral que va hacia adentro. Pero no por eso tiene que tratar siempre del yo. La intimidad, el interior de los seres humanos es, sobre todo, el nosotros. La poesía es un punto de encuentro entre el yo y el tú; es ese lugar donde el nosotros se hace cotidiano y cálido. Hablando a veces de los demás estamos hablando de nosotros mismos. Sería pues muy pobre y muy anecdótica si sólo hablase de algo tan concreto como es la experiencia estrictamente personal. Yo creo que debemos hablar bien de nosotros o bien de los demás, pero siempre hablando de todos. O al menos intentarlo.
 
P. Eres muy buena construyendo metáforas, algunas me parecen francamente magistrales como cuando dices “ya no queda ni una gota de miel sobre los árboles” o “hemos visto el violento latir de los colmillos / igual que minaretes de funesta belleza”. Sin embargo, ¿qué te parece más importante en un poema, que tenga capacidad de sugerir o capacidad de comunicar y expresar una idea más o menos concreta?


R. Yo creo que ambas. Es como si nos preguntáramos qué es más importante, si la mano derecha o la mano izquierda. Las dos son parte de nuestra persona y la pérdida de cualquiera de ellas nos mermaría. En un gran poema, como un puzle milagroso, que es lo que creo que es, todos los componentes tienen que tener una lógica y todos deben estar presentes. Aunque en determinados poemas unos tengan más protagonismo que otros por alguna razón. La capacidad de sugerir, esa función poética del lenguaje haciendo arte consigo misma, es capital. Pero también lo es la capacidad de expresar ideas porque la poesía también se construye con inteligencia. Luego están la emoción y la musicalidad y te das cuenta de que no puedes prescindir de nada. Es como un guiso: cada ingrediente tiene que estar presente en su justa medida si queremos que sepa bien.

 

DÓNDE QUIERA QUE ESTÉS


Puede que nunca alcances a suponer la luz,


la obstinada pureza que me habita por dentro

si pienso en nuestra calma. Tan desnuda.
¿Recuerdas? Los minutos
nunca saciaban su hambre.
 
Como si no existiera más mar que mis mejillas,

te sumergiste al fondo del agua que me puebla.

Aunque ya te hayas ido sigues manando ausente,
recorres la espesura y riegas el silencio.
No puede haber tristeza en un pecho mojado.
Las estrellas lo saben.
                                               Y tú en alguna parte.
 
Qué más da quien tú eres. Importa quien tú fuiste.
Cómo me convertiste en un cuerpo más sabio.
Hay cosas que el pasado olvidó arrebatarme
cuya naturaleza es quebradiza y frágil.
 
Memoria hecha raíces que sostiene la vida.
 
 
Raquel Lanseros
(de Las Pequeñas Espinas son Pequeñas, 2013)
 

 
 

La Heredad de la Luz

Nuevo poemario que nos presenta Cristina Cocca tras ganar con él el premio Amantes de Teruel del año 2013.

Una trayectoria de reconocimientos que no acaba aquí, ya que estamos esperando su próximo libro, ganador también reciente del premio "Ciega de Manzanares", titulado "Claroscuro para escribir un cuadro" y que verá la luz el próximo octubre.

“Muchas veces un /una poeta escribe un solo libro a lo largo de su vida”, ha afirmado la autora en una de sus últimas entrevistas. En el caso de “La Heredad de la Luz” esta afirmación puede ser cierta en cuanto a que muchas de las obsesiones de la poeta, que han reinado en publicaciones anteriores como “Mujer de Esta Memoria”, siguen estando muy presentes. Obsesiones como el irremediable paso del tiempo y la necesidad de recuperarlo a través de la poesía; de forma que el poema se convierte, gracias a su magia irremplazable, en una suerte de máquina del tiempo. 

También está presente el inconfundible estilo lírico y romántico tan propio de Cristina Cocca,  que hace de su pluma un velero perdido en un mar de papel del que el amor es casi siempre viento, y que solemos reconocer  inmediatamente tod@s l@s que, desde hace algunos años, seguimos su obra. 

Y por supuesto la expresiva sensualidad de sus imágenes, de gran viveza y originalidad también en esta ocasión.

Sin embargo el libro es, al mismo tiempo, diferente gracias, por ejemplo, a las elevadas cotas de perfección que alcanza la musicalidad de los poemas y que yo, personalmente, no había percibido con la misma intensidad en anteriores obras. También es distinto el planteamiento del libro, con su manejo de los símbolos y su uso constante, de forma que podemos decir que se construye y se expresa a partir de ellos: nos encontramos, sin duda, ante una incursión de la autora en la poesía simbolista en la que ha acabado adentrándose de lleno.

Se trata pues de una obra de madurez en la que la poesía de Cristina Cocca que, como dice Francisco Caro,  está atravesada por el deseo de hallar la luz en la noche, se ha fundido esta vez con uno de sus destellos más limpios, puros y personales.

Un libro, en fin, que ningún buen amante de la poesía debería perderse.